Hucancha (16)

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La semana que siguió a la entrevista con Galván fue una de las más extrañas y duras de la vida de Naira y Antonio. Para empezar, los padres de Yeray habían denunciado su desaparición, y la policía no se creía que fuera casualidad que un amigo de Iris al que habían tomado declaración un par de días antes se desvaneciera súbitamente. Se barajaban todo tipo de hipótesis, que nadie les contó a ellos mientras los hacían prestar declaración una y otra vez, no solo ante la policía sino también ante el juez de instrucción. Les preguntaron insistentemente por sus actividades durante la última semana, por la pelea en el Aguere, si se habían vuelto a ver, qué habían hablado, incluso les pidieron los móviles para ver los mensajes. Naira mencionó a la técnica de Patrimonio que había hablado con Iris, igual que la había mencionado anteriormente, pero los agentes no parecieron darle importancia. Las palabras de Galván sobre “lo que significan esos apellidos” no se apartaban de su cabeza al ver la desidia de los policías.

Cuando no estaban declarando estaban en casa de Augusto Galván. Ambos dejaron prácticamente de ir a la universidad, a pesar de que se acercaban fechas de entrega de trabajos y exámenes. Daban cualquier excusa a familia y amigos, prácticamente no respondían a los mensajes, y se encerraban en la cavernosa mansión de aquel hombre misterioso que pretendía entrenarlos para acabar con la cosa sobrenatural que los perseguía.

Durante la semana siguió habiendo ataques por toda la isla. Saltaron de las historias de Instagram a los periódicos: animales muertos, destrozados como por unas fauces descomunales, muchos de ellos en la carretera o en el campo, pero otros dentro de patios cerrados o incluso en jaulas, en lugares a los que era prácticamente imposible que un perro u otro animal asilvestrado pudiera entrar sin ayuda, mucho menos salir sin dejar rastro. Y, sin embargo, allí estaban. Pollos, conejos, perros y gatos sobre todo, muchas cabras, algún caballo. La especulación se desató en los medios y en los comentarios de internet. Perros asilvestrados, un animal salvaje escapado del Loro Parque, que lo negaba rotundamente, un psicópata suelto, una secta, rituales satánicos o de santería, que eran la primera opción de mucha gente siempre que pasaba algo extraño, incluso ovnis. La Guardia Civil emitía comunicado tras comunicado, informando a la población de que estaban investigando el asunto, pero nunca parecía haber resultados.

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Antonio y Naira siguieron experimentando visitas de aquel ser, suficientes para que incluso Antonio se convenciera, pero, aunque el pánico y la angustia de sentir una presencia alienígena, hambrienta y feroz acosarles en cualquier lugar seguía presente, la cosa parecía incapaz de atacarles, o siquiera de acercarse mucho. Ambos llevaban en todo momento al cuello unos preparados que les había entregado Galván, en bolsas de cuero, exigiéndoles que no las abrieran. Les había asegurado que les mantendría a salvo de la criatura temporalmente, pero advirtiéndoles de que perderían su efecto en pocos días, y no tendrían ningún poder una vez llegaran al altar. Y aún así, cada vez que las luces se atenuaban a su alrededor, cada vez que veían aquel fulgor de estrellas lejanas clavándose en su interior, cada vez que oían el profundo gruñido que sonaba como un trueno y olían a tierra removida y sangre, volvían a experimentar el terror atávico de la presa que se encuentra frente a frente con el depredador.

Galván los sometió a un régimen estricto de instrucción, aunque según él eran solo unas nociones, suficientes para ejecutar lo que tenían que hacer y poco más. En aquella casa antigua y llena de sombras y sonidos extraños que se arrastraban por los rincones les mostró fragmentos traducidos de obras de las que nunca habían oído hablar: los Cultos sin Nombre de Von Juntz,  el Testamento de Fray Arnau, el Ars Magna et Ultima de Ramón Llul, las Observaciones sobre varios lugares de África, de sir Wade Jermyn, el Testamento de Salomón, el Picatrix, el Libro de las Sombras de Honorio, el Dogma y Ritual de la Alta Magia de Eliphas Levi, o el Misterios del Atlas de Carignan. Otros que vieron en la biblioteca no se los dejó siquiera tocar: el Cultes des Ghoules, en francés, el Liber Ivonis, otro en latín encuadernado en metal, De Vermiis Mysteriis, y por encima de todo un pequeño librito, casi del tamaño de un misal, encuadernado en tela amarilla, que se apresuró a guardar bajo llave en cuanto vio que había llamado la atención de Antonio.

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Fuente: parapedia.fandom.com

Les enseñó la estructura básica del ritual, qué debían hacer y cómo, y sobre todo, para que no creyeran que podían tomar atajos, el por qué era importante cada paso y cada sílaba. Les hizo aprenderse de memoria fragmentos, no solo de los libros, sino de testimonios orales que tenía manuscritos en varias carpetas, algunas de las cuales parecían tener siglos de antigüedad. Les dio instrucciones precisas sobre cómo debían prepararse antes del rito, qué debían hacer y qué debían editar, pero, sobre todo, los sometió a un régimen estricto de entrenamiento.

Naira había hecho mindfulness alguna vez, en el gimnasio, e incluso Antonio había probado, pero eso se parecía a lo que hacían con Galván como construir un castillo de arena en la playa a dirigir las obras de una catedral. Pasaban horas cada día vaciando la mente, focalizando la atención en un solo punto hasta que les dolía incluso pensar, apartando cualquier distracción y cualquier pensamiento errante para concentrarse únicamente en la tarea que tenían a mano. Galván se paseaba tras ellos armado con una vara, como en los templos budistas, para tocarles ligeramente el hombro o la cara si veía que se distraían.

– La parte más importante de la operación es la concentración. Los hechiceros tailandeses lo llaman samatti, que deriva de samadhi, la unión con el universo. En Japón es zanshin, la mente absolutamente concentrada y consciente, que puede usarse como una espada; ya los sacerdotes egipcios afirmaban que se transformaban en cuchillos cuando iban a operar un ritual. La operación mágica es como agarrar a un tigre por la cola. Si falla la concentración un solo segundo, el tigre escapa y devora al hechicero. Tengan esto muy presente.

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Nunca habían estudiado tanto, entrenado tanto, ni se habían esforzado tanto. Cada noche volvían a casa ojerosos, exhaustos y saturados, incapaces de hacer nada más que cenar y acostarse, y a la mañana siguiente regresaban a casa de Galván para continuar. Las condiciones del ritual, que les imponía una estricta abstinencia y unas condiciones de ayuno que se iban a agravar considerablemente en los tres últimos días, no hacían que estuvieran precisamente en la mejor forma. Pero continuaban delante. Se lo debían a sus amigos, que seguramente estaban muertos, sí, se lo debían a toda la gente de la isla, pues Galván les había advertido que si no detenían a la criatura pronto empezaría a atacar a seres humanos, pero, sobre todo, era una cuestión de supervivencia propia.

El jueves, una noticia dio la alarma en toda la isla. Un niño pequeño había desaparecido en Tacoronte y se creía que su desaparición podía estar relacionada con los ataques a animales, si bien la Guardia Civil y la Policía Nacional pedían calma y no sucumbir a la histeria. Esa misma noche Galván les informó de que, a partir del día siguiente, no podían consumir ningún producto animal ni beber más que agua, y solo podrían hacer una comida al día. La fase final había comenzado.

El domingo por la mañana, Antonio recogió a Naira en su casa.

– ¿Lo tienes todo?

– Sí.

– Vamos allá.